Preguntas que las familias nos hacen antes de empezar

Son las dudas que aparecen en la primera conversación: quién entra a la casa, cómo se organiza la jornada, qué pasa si algo cambia. Aquí van las respuestas sin rodeos.

¿Cómo se elige al cuidador que va a acompañar a mi familiar?

Antes de asignar a alguien revisamos el perfil de la persona: experiencia con enfermedades crónicas o deterioro cognitivo, formación en movilización y primeros auxilios, y disponibilidad horaria real. Después hacemos una entrevista con la familia para conocer rutinas, gustos y límites del hogar. Si en las primeras visitas el ritmo no encaja, cambiamos de cuidador sin trámites largos.

¿Qué incluye la capacitación del personal?

El programa cubre transferencias seguras para evitar lesiones de espalda, manejo de personas con demencia, protocolos de higiene, administración de medicamentos según indicación médica y comunicación con la familia. La formación no termina en el curso inicial: hay sesiones de refuerzo y supervisión periódica en el domicilio para revisar cómo se está aplicando lo aprendido.

¿Puedo empezar con pocas horas y ampliar después?

Sí. Muchas familias arrancan con visitas cortas, dos o tres veces por semana, para que la persona mayor se acostumbre a la presencia del cuidador. Si funciona, se amplía la jornada o se pasa a cobertura diurna completa. Preferimos ese orden antes que comprometer un horario extenso desde el primer día.

¿Cómo se coordina el cuidado con los médicos tratantes?

El cuidador registra lo que observa: apetito, sueño, ánimo, adherencia a la medicación, cambios de movilidad. Esa información se comparte con la familia y, cuando ellos lo autorizan, con el médico o la EPS. No reemplazamos indicaciones clínicas: las ejecutamos y reportamos cómo responde la persona.

¿Qué ocurre si mi familiar necesita apoyo nocturno o los fines de semana?

Tenemos turnos de noche y cobertura de sábados, domingos y festivos. La asignación depende de la zona y del perfil requerido, así que conviene plantearlo en la primera llamada para confirmar disponibilidad. En casos de cuidado continuo se organiza un equipo pequeño que rota, para que la persona vea caras conocidas y no tenga que repetir su historia cada semana.

¿Cómo se maneja la privacidad y la información de la casa?

El personal firma acuerdos de confidencialidad y recibe lineamientos claros sobre qué se puede compartir y qué no. Los registros de salud se guardan solo para el seguimiento del caso. Si quieres revisar el detalle, puedes escribirnos a info@athertoncare.com o leer nuestra política de tratamiento de datos.

Si tu pregunta no está aquí, en soporte respondemos casos concretos y en contacto coordinamos una visita inicial.

Una empresa de cuidado hecha para el día a día en casa

AthertonCare nació en Santander para acompañar a familias que necesitan apoyo real con sus mayores. Trabajamos con personal formado en movilización, administración de medicamentos y trato con personas en deterioro cognitivo, y supervisamos cada caso con visitas periódicas. No vendemos horas sueltas: armamos un plan que se ajusta a la rutina del hogar.

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Familias con adultos mayores

Hijos que viven en otra ciudad, parejas que cuidan solas o hermanos que se reparten turnos. Organizamos la asistencia según la disponibilidad de cada casa y dejamos registro escrito de lo que ocurre en cada visita.

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Personas con movilidad reducida

Apoyo en transferencias, higiene, alimentación y desplazamientos dentro del hogar. El cuidador conoce las técnicas para no lesionarse ni lastimar a la persona durante el traslado.

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Hogares que necesitan continuidad

Cuando el cuidador principal se enferma o viaja, entramos con un reemplazo que ya conoce el caso. La idea es que la rutina no se rompa y que la familia no tenga que empezar de cero cada vez.

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Formación antes que improvisación

Todo el equipo pasa por capacitación en primeros auxilios, manejo de demencias y comunicación con la familia. Después hay evaluación en terreno: no basta con el curso, hay que ver cómo se comporta la persona en la casa.

Por qué existe este proyecto y qué esperamos dejar en cada hogar

El cuidado domiciliario se sostiene en tres cosas que no se improvisan: personal capacitado, rutinas claras y comunicación honesta con la familia. Nuestra misión es que ninguna persona mayor reciba atención a medias y que ningún familiar cargue solo con decisiones que no sabe cómo tomar.

Formación antes que buena intención Movilización segura, manejo de deterioro cognitivo, higiene y administración de medicamentos según indicación médica. La supervisión periódica pesa tanto como el curso inicial.
Atención que se adapta al ritmo de la casa Horarios, costumbres, comidas y conversaciones. El plan se ajusta a la persona, no al revés, y se revisa cuando algo deja de funcionar.
Tranquilidad para quien está lejos Reportes claros sobre cómo fue la jornada, qué se observó y qué conviene consultar con el médico. Sin alarmismos ni silencios incómodos.
Continuidad del mismo cuidador Cuando es posible, la misma persona sostiene la rutina. Los cambios se avisan con antelación y se explican, porque la familiaridad también cuida.

El efecto que buscamos es sencillo de describir: que la persona mayor conserve su dignidad en su propio espacio y que la familia recupere la calma para acompañar sin agotarse.

Una historia construida visita a visita

AthertonCare no nació de un plan de negocio ambicioso, sino de una necesidad concreta: familias en Bucaramanga que no encontraban personal formado para acompañar a sus mayores en casa. Cada etapa que contamos aquí responde a una decisión tomada después de escuchar a quienes cuidaban.

Los primeros acompañamientos

Empezamos con visitas cortas en hogares del área metropolitana. La prioridad era simple: aprender el ritmo de cada casa antes de proponer jornadas largas. De esa etapa quedó una costumbre que mantenemos, ningún cuidador entra solo a un domicilio nuevo sin una visita de reconocimiento previa.

Formación interna del equipo

El trato amable no bastaba. Diseñamos un programa propio de capacitación en movilización segura, manejo de deterioro cognitivo, higiene y administración de medicamentos según indicación médica. La formación se repite cada año y se evalúa en la práctica, no solo en el aula.

Supervisión y ajustes de plan

Con más familias atendidas, incorporamos visitas de supervisión periódicas y un registro compartido con la familia. Los planes de cuidado dejaron de ser fijos: se revisan cuando cambia la salud de la persona, cuando aparece un nuevo familiar en la decisión o cuando el propio cuidador detecta algo que no funciona.

Programas de bienestar en el hogar

Después de años acompañando adultos mayores, ampliamos hacia actividades que sostienen el ánimo: rutinas de movimiento suave, acompañamiento en salidas cortas y apoyo en la organización diaria. No es terapia, es presencia constante que ayuda a que la casa siga siendo un lugar habitable.

Lo que sostiene el trabajo hoy

Hoy seguimos operando en Santander con el mismo criterio del inicio: pocos casos por cuidador, comunicación directa con la familia y disposición a retirar a alguien del servicio si no encaja. La confianza no se declara, se construye con constancia y con la disposición a corregir.

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