Una historia construida visita a visita
AthertonCare no nació de un plan de negocios cerrado, sino de familias en Bucaramanga que necesitaban a alguien de confianza en casa mientras ellas trabajaban. Cada etapa de este recorrido dejó una decisión concreta: cómo formar al personal, cómo supervisar el servicio y cómo sostener la calma de quien delega el cuidado de un padre o una madre.
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Primeros acompañamientos
Empezamos con pocas familias y muchas horas de escucha
Las primeras visitas se hicieron en barrios del norte de Bucaramanga, con jornadas parciales y un cuaderno donde anotábamos rutinas, medicamentos y costumbres de cada casa. Ese registro manual sigue siendo la base de cómo hoy diseñamos un plan de cuidado: primero entender el ritmo del hogar, después proponer horarios.
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Formación del equipo
Convertimos la experiencia suelta en un programa de capacitación
Con el tiempo vimos que el trato amable no bastaba. Incorporamos módulos de movilización segura, manejo de personas con deterioro cognitivo, higiene y administración de medicamentos según indicación médica. La formación se repite y se evalúa en la práctica, no solo en el aula, porque cada adulto mayor reacciona distinto a una transferencia o a un cambio de rutina.
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Cobertura y supervisión
Ampliamos zonas sin perder el contacto con cada caso
Al crecer hacia Floridablanca, Girón y Piedecuesta, mantuvimos una regla simple: quien supervisa conoce a la familia. Las visitas de seguimiento sirven para ajustar horarios, revisar cómo va la relación entre cuidador y persona atendida y detectar a tiempo señales de desgaste en cualquiera de los dos lados.
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Apoyo a las familias
Añadimos orientación para quienes cuidan sin ser cuidadores
Muchos hijos y nietos asumen tareas para las que nadie los preparó. Abrimos espacios de orientación sobre higiene, alimentación y comunicación con el adulto mayor, para que la familia entienda qué puede resolver en casa y en qué momento conviene sumar apoyo profesional sin culpa ni urgencia.
Hoy AthertonCare sigue siendo un equipo pequeño comparado con su cobertura, y eso es intencional. Preferimos conocer cada caso antes de asignar a alguien, revisar cómo avanza mes a mes y corregir cuando algo no funciona. La historia del proyecto se escribe todavía en las casas donde entramos cada semana.
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